| A mi amiga P (de pelirroja) le hicieron un legrado hace unos días; estaba ilusionada de acompañar a los tres niños que le corren los pasillos, con uno (ó dos) más. El mayor, de 7 años, preguntaba por su hermano, al que ya llamaba Pablito...y le tuvo que decir lo que había sucedido. Y el peque, que se quejaba de que no sabe cómo se reza, decidió que iba a pedir algo a Dios, que éso sí sabía hacerlo. Pensó, y abrazado a su madre, de reposo relativo (porque la maternidad, desde el principio, lo relativiza todo ó mata), concluyó que deseaba que Dios le diera otro hermanito, pero que esta vez...estuviera vivo. Al escuchar a P contándome esta historia, me emocioné mucho. Y me hizo ver qué difícil es explicar que ha muerto lo que no llegó a ser alumbrado. Y me hizo pensar en la tenacidad por conseguir lo que uno desea, y cómo debemos enunciar nuestros deseos, con todos los matices, y de forma explícita ("esta vez...lo quiero vivo"). Y me hizo sentir cómo la inocencia transforma la congoja en una dulce sonrisa y un abrazo. Y me hizo confíar en el poder de la oración, aunque la contemplo como actitud más que como acción. Y me hizo tanto bien que he querido contároslo. Para P., un beso |
jueves, 29 de enero de 2009
xiquilladas
domingo, 11 de enero de 2009
flu
Y aquí, ya en la cama, la respiración deja de ser silenciosa y habla, con voz ronca, de las cosas que pude y no quise y me lleva a un espacio, sin nombre ni coordenadas, sin GPS ni mapa del tesoro, donde todo es irreal, tan irreal como cierto. Y empieza el desfile de imágenes, sin previa invitación, y los ojos se vuelven vidriosos y pican, y lloran, como los niños de Gaza, asustados y rendidos. Y, en las sienes, dos garras que me sujetan, apretando sin piedad, cuando toso, tal vez en un intento de exorcizar mis prejuicios que me llevan de nuevo a los mismos errores. Parecen un alienígena mutante pegado en forma de casco a mi cuero cabelludo, que hormiguea como si cada pelo tuviera un habitante en su folículo. Un poquito de paracetamol (Dios salve al "Colocatil"!!), me va llevando a una relativa calma, entre sudores que me recuerdan el río Zambezi, y me duermo un rato cuidando que no me pille un cocodrilo ni se espante un hipopótamo (son vegetarianos pero muy territoriales y asustadizos).
Con el alba, la certeza de que me quedan unos días aún. Y entre fiebre y más fiebre, líquidos y reposo. Y con el finde por delante, mis gemelos deciden cuidarme preparando sesiones intensivas de DVD, que aumentan la temperatura de mi líquido cefalorraquídeo por encima de lo razonable.
Y, ahora mismo, un peso detrás de los ojos, que anuncia que mi organismo, en plena forma, sigue su acoso al invasor. Subirá la fiebre otra vez, dejando fríos manos y pies, y la punta de la nariz. Y, al exhalar el aire, saldrá un aire caliente, caliente, como el del desierto, que secará los labios como si hubiera una hoguera encendida en la faringe. Y la carencia de algún beso insensato.
Lo mejor, será que pasará.
Y lo que queda dicho...será la fiebre.
sábado, 3 de enero de 2009
doce uvas
Y empecé el año con la boca hecha sonrisa y llena de uvas. Desde la alfombra del salón, escuché descorchar una botella de cava, y dí muchas gracias a todo y a todos, con el alma y el pensamiento, y también con las entrañas. Eso sí, ni una palabra, que falta no hacían.
Recibí un beso "importante", que me emocionó aún siendo previsible como lo era, y una llamada crucial, de vocecillas aún infantiles (...qué poco me queda!).
Y se paró un instante el mundo, y me sentí flotando, desbordante de dicha, satisfecha, lejos del dolor del resto del mundo, de las miserias invisibles, de la mezquindad y de tantas cosas que desterrar. Fue un momento de levedad, de alegría sincera, de sentirme tan viva...que eché la cabeza atrás, sin abrir los ojos, y en ese cabeceo volví a casa. Los abrazos, las fotos-"paparazzi", brindis, ring-ring por el fijo, los móviles,...risas. El principio, nada más, de una buena noche.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
¡qué guapos os veo!
Esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad...y otra vez me pilla como al conejo blanco de Alicia, mirando el reloj y con un "Llego tarde, llego tarde...". No desentona con el ritmo trepidante del resto del año ni con la densidad del devenir cotidiano. Mi agenda es hoy la campeona del concurso "Agendas Imposibles", tanto que decido hacer pausa y envíar estas letras a la blogosfera, porque no quiero dejar de felicitaros las fiestas, más por el deseo de que os vayan bien las cosas que por la rutina social. |
domingo, 14 de diciembre de 2008
adviento
(Einstein, Rosen y Podalsky)
Confortan estas sabias palabras, en días de ilusión y añoranzas, de risas y prisas, de ganas y desganas (o pocas ganas de), de cerrar el año intentando llegar donde no llegamos en tantos días.
No sé si me tocará la lotería, pero en el "haber" del 2008, llevo cargadito el balance. Y en el "debe", serán los años ó serán los kilos, pero cada vez tengo menos lista. Tal vez, lo que me debo a mí misma...y por ahí va la cosa, y así va. Por lo tanto, positivo.
Estoy con ganas de cambiar de año, pero contenta. Tal vez porque aún quedan días para hacer de este año que sea inolvidable, que ya lo es, pero de otra forma, y la esperanza es lo último que se pierde ("haz honor a tu nombre" me dijo el hijodeputaporsantaqueseasumadre de mi exdirector, cuando aún era mi director, y la vida hizo real su deseo). Tal vez porque son días de cantar, de ensayos, de orquestas y pentagramas, de villancicos, salmos y oratorios. Tal vez porque en el trabajo es más fácil manejar las situaciones complicadas. Tal vez por seguir sintiendo próxima a gente importante. Tal vez porque la tendencia es a ponerse guapos por fuera (hacerse las mechas, repasar la depi en el láser...) y la estética también es importante. Tal vez porque comprobamos, con ironía, como nos siguen molestando algunas rutinas desde que tenemos uso de razón. Tal vez porque nos besamos y abrazamos más. Tal vez porque la familia, que es la misma, es como diferente. Tal vez, no sé ya qué vez ni qué tal...pero os deseo un feliz adviento, que preparar da una alegría...
lunes, 1 de diciembre de 2008
lo que pasa, conviene
Puede ser, en ocasiones, un beso ligero, un roce de labios en la epidermis. O un mordisquito. O un soplido ó un latigazo. Me acaricia los mechones del cabello, ó me lo enreda, ó me estira los pelos de detrás de la oreja.
Y aunque no es compañía buscada (al menos conscientemente), no siempre estorba; incluso puede ser interesante sentir la presencia de aquello que ya creía que ni era ni estaba. Otras veces, se vuelve pegajoso y denso, y resulta tan irritante...como mi capacidad para volver donde ya estuve.
Me gustaría, esta vez, mirarlo a los ojos, a ver si me explica qué es lo quiere ó qué es lo que me trae. Claro que necesito un pacto previo con mis miedos, con casi todos éllos. Recuerdo que leí que los fantasmas desaparecen al dar la luz. Ya veremos.
lunes, 24 de noviembre de 2008
va a ser que hoy no es el mejor momento
Raros los últimos días, con la re-visión de asuntos y compañeros de trabajo, tras años de distancia. Proyectos, ofertas, re-encuentros y desencuentros.
Raro verme paseando por la capital y pasándolo bien (no me prueba la meseta), risas, mojitos y la pena de L. esfumándose tras asomar a traición. Raras confesiones al frío de la noche, raras confidencias en un taxi y raro el regreso a la rutina.
Y el cerebro en la centrifugadora, porque ésto no es pensar, y las emociones en una compleja danza imposible de predecir. Y ausencias sentidas cuando ya...estoy muy cansada.
Mañana más.